Violeta o el arte de recordar



Hace algunas semanas se abrió en Chile el museo de la memoria. En una emocionante inauguración la presidenta Michel Bachelet dijo que la tragedia de Chile desde un primer momento se basó en la negación y en el ocultamiento al dolor del cautiverio y la muerte … tragedia en la que se asociaron la crueldad y la mentira, el odio y la indiferencia, el fanatismo y la intolerancia…

Por su parte en Perú las cosas no han sido fáciles. El gobierno de Alan García se resistió a la propuesta del museo de la memoria con este argumento del ministro de defensa: “el Perú no necesita museos mientras sea pobre y con carencias sociales”. Mario Vargas Llosa, director del proyecto museo de la memoria, le contestó a este gorila en una maravillosa columna en el diario El Comercio:

“Los museos son tan necesarios para los países como las escuelas y los hospitales. Ellos educan tanto y a veces más que las aulas y sobre todo de una manera más sutil, privada y permanente que como lo hacen los maestros. Ellos también curan, no los cuerpos, pero sí las mentes, de la tiniebla que es la ignorancia, el prejuicio, la superstición y todas las taras que incomunican a los seres humanos entre sí y los enconan y empujan a matarse. Los museos reemplazan la visión pequeñita, provinciana, mezquina, unilateral, de campanario, de la vida y las cosas por una visión ancha, generosa, plural. Afinan la sensibilidad, estimulan la imaginación, refinan los sentimientos y despiertan en las personas un espíritu crítico y autocrítico. El progreso no significa solo muchos colegios, hospitales y carreteras. También, y acaso, sobre todo, esa sabiduría que nos hace capaces de diferenciar lo feo de lo bello, lo inteligente de lo estúpido, lo bueno de lo malo y lo tolerable de lo intolerable, que llamamos la cultura. En los países donde hay muchos museos la clase política suele ser bastante más presentable que en los nuestros y en ellos no es tan frecuente que quienes gobiernan digan o hagan tonterías”.


Aún no tenemos en Colombia un museo de la memoria, pero si tenemos arte de la memoria.



Violeta es un cortometraje lleno de color y oscuridad, de miedo y esperanza, de pasado y de presente. Tomarse siete minutos para verlo, basta para inquietarnos sobre quiénes somos y qué hemos hecho. Esta historia, bellamente contada, nos recuerda nuestro triste pasado y renueva nuestra empatía por las víctimas.

Los sin sombra, antagonistas de la animación, se parecen a la guerra de Evelio Rosero en los Ejércitos… (“ya viene la guerra”). Las amarillas (“ellas le ponían color a su tierra y la llenaban de vida”), son como Geraldina, la esposa del brasilero en los Ejércitos, (ella "completamente desnuda, tumbada bocabajo en la roja colcha floreada"). Sus historias son el triunfo de la muerte contra la belleza y la vida.

Pero los sin sombra y la “guerra” son más reales que imaginarios, están en nuestro presente más que en nuestro pasado. Los sin sombra tienen nombre, apellido, poder, influencia y tranquilidad para seguir cometiendo delitos. Nuestra guerra, como la mala hierba, florece en todos los rincones del país. A diferencia de Chile y Perú, nuestro conflicto sigue vivo, nuestros sin sombra siguen por nuestras calles, casas, congresos y casas de Nariño. Nuestro arte de la memoria es puro realismo trágico.

Violeta es un cortometraje creativo, desgarrador y valiente. El final del corto nos deja con una pregunta melancólica y provocadora: ¿cuántos años y cuántas vidas se necesitarán para que actuemos?

Gracias a quienes hicieron posible este video, especialmente a Laura Badillo y a Viviana Bohórquez sus principales gestoras, quienes siempre desde su sensibilidad, compromiso y conocimiento han buscado mejores mundos para las mujeres.

Comentarios

Maravilloso chico maravilla, maravilloso. Gracias a Lau y Viviana por este maravilloso corto.
federico dijo…
En Colombia, el arte de recordar ha sido la forma mas relevante de conservar los hechos historicos que merecen perpetuarse en el tiempo. Ejemplos tenemos miles, en las letras, Jose Eustasio Rivera fue pionero ne demostrar los horrores de la sobreexplotacion del hombre y de la selva, hoy dìa su relato tiene la vigencia del momentoen euq fue escrito, cambiemos el caucho por la coca y el nombre de los opresores y el resultado sera la lectura de una noticia cotidiana. En las artes plásticas, Obregón y Botero han plasmado las atrocidades de la guerra en colecciones y obras como la galardonada "Violencia", gran obra del maestro Obregón que ganó el premio nacional de pintura en el XV salón nacional de artistas.
En lo personal, no habria tenido una referencia más vívida y directa de la masacre de las bananeras si no hubiera leído el relato que sobre el particular tiene "Cien Años de Soledad", o no habría entendido la violencia liberal y conservadora sin leer "Cóndores no entierran todos los dìas", la génesis del desplazamiento en "Siervo sin tierra"
Es por eso que me uno a la celebración del lanzamiento de Violeta, tengo además la fortuna de conocer a sus realizadoras en el plano personal y estoy seguro en la actualidad ésta es la manera más efectiva de impactar a una sociedad que se caracteriza por la indiferencia. Felicitaciones y gracias por luchar de forma tan constante por el rescate de los sueños en una cotidianidad tan injusta.
Schatzy dijo…
Yo creo que el corto pone en evidencia una situación dramática ante la cual seguimos haciéndonos los ciegos.
Por otro lado, desde la psiquiatría me lleva a reflexionar a que tipo de intervenciones tempranas se pueden hacer en el apoyo psicológico a las personas victimas de la violencia para que esto , aunque afecte su salud física y mental, no llegué a complicaciones graves para la misma.
Vivió Violeta un duelo o se complica con algún trastorno?
El tema del apoyo sicosocial a las víctimas es una tarea pendiente en los derechos de las víctimas de hecho la Corte Constitucional decidió recientemente que el Estado debe diseñar un plan para atender esta necesidad como una forma de reparación y atención de las personas que han sufrido estas atrocidades

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